26 nov. 2012

Nosotros empezamos así, hablando, hablando durante meses. Empezamos hablando de la vida, hablando de trabajo, hablando de inversiones, hablando de películas, hablando de libros, hablando de fútbol y cuando parecía que ya no teníamos nada más para agregar, empezamos a hablar de política.

Allí (y no antes), bebiendo vino blanco y cenando comida mexicana a medianoche, a espaldas del staff del restaurant que ignoraba lo que sucedía y solo quería cerrar, me di cuenta que no iba a ser pasajero, allí tomé dimensión que la atracción -me corrijo- la enorme atracción física que sentía por él, dejaba de ser física para alcanzar un estado diferente. Un nivel difícil, muy difícil de conseguir en mí.

Nunca lo quise como un amigo en realidad, ni siquiera la primera vez que me habló (y lo traté tan mal) o la primera vez que siendo prácticamente desconocidos me hizo buscar un chocolate en el bolsillo de su campera de jeans... nunca lo quise como amigo, ni aún cuando desconocía su voz. Confiaba en él como si hubiese crecido a su lado. Lo quise desde antes de conocerlo por sus palabras, el color de sus pupilas de marrón chocalate intenso o sus pestañas negrísimas y largas como mis suspiros, siempre me mantendrán hinoptizada como una tonta.

 No me quería enamorar, albergaba la esperanza en mi interior que me decepcionara, ampliamente, con algún comentario de tinte rojo. Pero contrario a mis pronósticos, nunca lo hizo. Él sólo escribe con la mano izquierda.

Comenzamos hablando, mucho y cuando ya no teníamos más que decir, comenzamos a besarnos, mucho. Cuando no nos habíamos besado lo suficiente, empezamos a discutir, mucho. Y ahora que ya no hay mucho más por discutir, comenzamos a hablar, de nuevo..

- "Yo era más sabia cuando tenía 16 años"...
- "¿Por qué decís eso?"
- "Porque a esa edad era fría, no me conmovían las frases que hoy me derriten por ejemplo, no me guiaba por el corazón"
- "¿Vos pensás que por ser más fría eras más sabia? no creo que sea así"
- "Si, la tenía más clara, pensaba sin nublarme por los sentimientos. No puedo entender cómo, si es una constante, la mayoría madura y su corazón se endurece y en cambio el mío, a medida que me hago más grande se vuelve más... (suspiro), estoy siempre en contra de la corriente".
- "NO creo que hayas sido más sabia que ahora"
- "¿Por qué no?"
- "Porque ahora podés pedir perdón si te equivocás y estás arrepentida, antes no"
- "Antes no era comprensiva y me iba bien así, era dura"
- "¿Me estás diciendo que por ser comprensiva ahora te fue mal?"

 No pensé que lo llevaría al plano de nuestra situación. 

 Si no me hubiera ido mal, vos seguirías siendo mi novio.... 

 Pero no lo dije, hice una mueca disfrazada de media sonrisa y miré en otra dirección.

- "¿No abrazabas a tu novio cuando dormían juntos?",  me preguntó curioso.
-  "No, no nunca fui muy cariñosa"
- "¿Y por qué a mí si?" dijo de repente, era lo mismo que yo estaba pensando.
- "No lo se, no tengo una explicación para ello, fue desde el principio así... la primera vez que estuvimos juntos te abracé sin pensarlo, y ya luego de eso no te dejé de abrazar nunca más. No me lo propuse, lo empecé a sentir... como una necesidad"

 sonrió con esa sonrisa suya cuando un comentario irónico se le cruza por su mente,

-"¿De qué te sonreís?, ya se lo que estás pensando, decilo", y sabía lo que estaba pensando de verdad
- "Sobre todo con 33º de calor", dijo riendo
- "Tampoco te he abrazado los 365 días del año..." dije muy por lo bajo, casi sin decirlo y sin sonrisa.


 Y me siguió hablando, siguió sirviéndome la cena, y continuó llenándome la copa, como si nada, nada hubiera pasado entre nosotros.. Y cuando llegamos de cenar afuera, ya desnuda y aprontándome a dormir de mi lado, me extendió sus brazos, me abrazó de frente como un niño pequeño abraza a su osito antes de acostarse a dormir y me llevó contra su pecho. Hacía mucho que no lo hacía (al menos no dormido)

Me abrazó como si nada hubiera pasado entre nosotros. Me acarició el pelo para que me durmiera como si fuera que todo estaba tal cual lo dejamos la última vez. Como si diese vuelta la hoja....

  Como si nunca hubiésemos dicho que se terminó.

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Las palabras nunca son inocentes