19 sept. 2011

De la vereda de enfrente

Tres amigas. Diferentes entre sí, una dice no querer una relación, la otra está desesperada por tenerla al costo que sea (pero no la tiene) y la última -ni lo uno ni lo otro- después de mucho tiempo finalmente está en una relación con todas las letras: comprometida y formal... y no con cualquier hombre.

Es muy difícil ponerse de novia y seguir siendo la invitada preferida en una hermandad de féminas solteras. Es difícil que te pregunten cómo van las cosas si saben que sólo vas a hablar bien de él. Es difícil que te escuchen seriamente sin compararte entre risas con la publicidad de Quilmes.
Es difícil que se sientan -completamente felices con tu situación- sin haberse cuestionado a sí mismas al menos una vez....

"¿por qué ella y no yo?" 

Vos sos la más odiosa de las tres, si. Vos sos la más antisocial de las tres, si. Vos sos la más inconformista, la que más pretensiones, condiciones, requisitos, exigencias y detallecitos, tiene en su lista. Lo saben y lo sabés. Vos sos la más ácida. La que menos paciencia tiene. la que menos se esmeraba para "tirarse el ropero encima". La menos fiestera y la más cabrona de todas. Vos sos la que menos chances tenía de encontrar al 2,5% de sus posibilidades.
¿Y sos vos la que tiene el chico? no parece ser justo.

Y sin embargo la injusticia tiene nombre y apellido, fecha, y lugar. Y un souvenir que se los recuerda todo el tiempo cuando te ven: tu sonrisa.

Es muy difícil estar en la vereda de enfrente muriéndote de ganas de agarrarle la mano a una de ellas y decirle: "Te va a ir bien esta vez, vas a ver". Es difícil no poder hacer nada para hacerla cruzar la calle (porque los que conoce/elige para relacionarse tienen algo en común: son un desastre) y en cambio tener que escucharla decir que "son todos iguales, a la larga".  Tener que verla conformarse con esa frase amarga. Acostumbrarse y convencerse de esa premisa formulada alguna vez por alguna mujer despechada que se terminó enamorando seguramente alguna otra vez (y se olvidó de su creación)
Es difícil ver a una amiga resignarse a vivir una y otra vez historias sin sabores, sin colores.

Es difícil salir con ellas y escuchar: "Ese loco está re bueno, ¿lo ves? ¡¡ese de allá!!, ah si, no.. cierto, vos no lo ves.... porque vos estás enamorada". Como si fuera una enfermedad, como si estuvieras exponiendo tu cuerpo anoréxico entre un grupo de chicas perfectamente redondeadas y sanas que comen gustosas un postre entre cuatro.

Es difícil sentirte cómoda y divertirte cuando todo el tiempo te están recordando directa o indirectamente: "Él no está acá, lo estás extrañando ¿no? seguramente, ya no te divertís más como antes,no necesitás nada más... vos tenés una relación". Y terminar pensando que sí, que al menos por ahora con él te sentís más vos, más cómoda, más tranquila que con tu propio grupo. Y es difícil no querer mirar el reloj para irte a tu casa cuando la tribu está reunida y saben que vos no vas a ir de caza.

Es difícil escuchar de la voz de una de tus mejores amigas que siempre estuvo para vos, que nunca te dejó en banda, que sabés que no es del tipo mujer-culebra (todo lo contrario) preguntarte seriamente: "¿Por que a vos te tocan todos los buenos?". Es muy difícil no poder darle una respuesta, y en cambio quedarse en silencio.

Es difícil estar de la vereda de enfrente y en vez de regodearte por tu suerte sentir algo dentro que te mueve a pensarlo. Cómo si fueras el único sobreviviente en una masacre...

No es fácil pensarse y lidear con esa mezcla entre felicidad culposa, inseguridad por el porvenir que parece tan perfecto (y se supone que no hay futuros perfectos porque "son todos iguales" y allí están todos esperando el desenlace), y esa sana satisfacción de haber conocido entre tantos sapos, a una persona decente, sencilla, rota y descocida.
Y saber que después de todo, lo merecés, porque para cruzar la calle esperaste mucho mucho tiempo debajo de la lluvia..

Estar en la vereda de enfrente, es una elección, pero es también una lucha por ganar, con uno mismo


y con el resto...