19 jul. 2011

Círculos

Te enamoraste, le importó tres cuernos, nunca se dio cuenta que era un sentimiento genuino que muy pocas mujeres "modernas" podrían brindarle a un hombre-planta que le teme hasta al que recoge la basura en un camión nocturno, que respira porque el aire es gratis y que se alimenta por medio de fotosíntesis ya que su color de piel se asemeja al verde de sus venas tras una continua y prolongada ingesta irregular de alimentos

Te diste cuenta que no tenía sentido alguno ser considerada siquiera "una ex" en su repertorio, por lo cual te borraste de su vida, hoy, mañana y pasado. Te hartaste de su miseria, te aburriste de escucharlo. Y cuando decís "te borraste" lo hiciste de verdad. Y cuando decís que te importa tres carajos su vida, lo decís de verdad.
Podrían decirte que se casó con una regadera y que felizmente ha sido padre de un pimpollo y te amargaría más ¡mucho más! saber que en el equipo de tus amores sigue el inútil ese de Mánager que hizo que renunciara uno de los mejores DT que tuvieron en los últimos años. O tener que soportar que el mismo sponsor de tus colores del alma, es el sponsor de los apátridas que nos sacaron de la Copa América 2011.

Y al poco tiempo conocés un hombre lobo -literalmente- con la melena y todo, que vive la vida como la vida misma se presenta. Sin miedos, sin dilataciones, sin redes. Y te acorrala, se supone que sos su presa preferida: arisca y desconfiada. No te va a dejar escapar. No tiene límites, no le importa nunca el qué dirán,  no usa reloj, y no tiene la más pálida idea de cómo hacer una videocall. En su diccionario no existe la palabra: "NO" y te insiste a jugar con el miedo, llevándote al borde (o intentándolo al menos)

Pero no pasa mucho tiempo que el lobo con su olfato e intuición -lo huele- y su sospecha se hace carne: tiene competencia.

Finalmente ese vampiro misterioso que mirabas de lejos, ahora mágicamente está en tu balcón y se preocupa por traerte a tu casa cada día después del trabajo. Un vampiro con 78 años menos que el de la película que tanto te gusta y sin el Volvo plateado pero con una experiencia dilapidaria, semejante a la que ostentan los inmortales.
Le pasa el trapo a todos, es más alto que todos, es más grandote que todos, leyó más libros que todos ellos, es más sensual que todos ellos, es más rápido, seguro, estable y directo que cualquiera de ellos. Parece sano física y mentalmente, lleva el pelo corto, no tiene aritos ni tatuajes (ni le gustan), es una mezcla perfecta de rocker e ingeniero nerd. Te pregunta si estás bien, nunca le duele nada, y se da cuenta solamente con verte la cara si algo no te gustó (y fundamentalmente se da cuenta qué es lo que te molestó), deja un rato el trabajo de lado para ir a comprar ropa juntos y lo disfruta. Un tipo que se ríe abiertamente al escucharte putear indignada hacia el televisor y -en público- al árbrito que cobra mal una jugada, un hombre al que no le asusta tu personalidad por el contrario "le encanta tu forma de ser", un hombre- hecho y derecho que te alienta a hablar de lo que te molesta de él o de lo que te da vueltas en el marote sin huir a toda carrera a su cueva. Que te hace un café y en igual medida te sirve vino, un tipo que no se cree que se las sabe todas y te escucha cuando le decís que debería hacer las cosas, alguna cosa de sus cosas "así", y la hace así sabiendo que tenés razón. Un ser tan dócil, que de la nada te aconseja y te resuelve un problema que te venía fastidiando hace tiempo diciéndote: "hacélo así", y  lo hacés así, a sabiendas que es una resolución más inteligente que la que se te ocurrió a vos.
Un flaco que elogia a tu papá, que te cuenta sobre su familia y sus peores "trapitos" (y los más dolorosos trapos que marcarían su vida), que detesta a Sabina (como vos), que te pregunta por tu rodilla llena de hematomas violetas (que te hiciste jugando al fútbol, sí, al fútbol con tu hermano), que te abre el sobrecito de ketchup con los dientes y te lo sirve gentilmente en las papitas, que te hace el amor con una pasión arrolladora como pocos hombre pueden darse el lujo de desplegar en toda una vida completa de mortal, que te lleva al médico sin que se lo pidas, te pregunta por tu trabajo y te hace de comer cuando no te lleva afuera a cenar.
Y es real. 





Pero como en toda buena historia tragicómica. no pasa mucho tiempo y el lobo se enamora de vos, te lo dice, y vos no dejás de pensar un minuto de tu existencia en el vampiro de pupilas color marrón chocolate que te mantiene bajo su embrujante hipnosis. El círculo tiene ya dos secuencias...

Y el hombre-ramas, ése que le tiene miedo al Yeti y a los ácaros, y a todo aquello que respire y tenga vida, se da cuenta que ha pasado un tiempo prudencial y otra vez te busca porque se siente solo e incomprendido (y porque sabe que es difícil que una mujer "moderna" lo banque) (o porque piensa que sos medio boluda, o tenes memoria frágil) se anima a escribirte.
Valiéndose de una táctica previsible e infantil te escribe -y con ésa soberana pelotudez escrita que pretende ser simpática y hacer referencia a la vez de una de las miles de conversaciones que han tenido y que nunca llegaron a nada- cree que vas a volver corriendo desesperada a sus charlas que no te llenan, a sus miedos que te saturan y a sus cobardes huesitos de papel recubiertos de cables electrónicos y embebidos de hidróxido de sodio (en lugar de sangre).
Como si vivir en un círculo vicioso fuese tu único interés y especialidad en esta vida, como si no supieras (finalmente) que se puede vivir más y mejor. Porque vivir es apostar, es arriesgar, sin redes, sin garantías, sin soporte más que el cuerpo mismo.
Porque todo aquello que invita a correr y a no involucrarse, no es vivir, "es permanecer" como diría mi amiga -la escorpiana- tarareando la canción por Skype.




Círculos. Redondeces que de alguna forma, y como sea, más temprano que tarde... se cierran.

Sea hoy, o mañana, los círculos se cierran y no todos los círculos terminan siendo ruedas.

Una historia, que le puede pasar a cualquiera, el día menos pensado. Si al fin y al cabo, todos hemos tenido círculos.

Algunos llevan más tiempo que otros cerrar, algunos son más perfectos que otros. O más sanos. Algunos círculos al cerrar conservan en sí la eternidad que no se mide en tiempo, otros al cerrar abren paradójicamente la puerta que siempre quisimos tener abierta ante sí...

Sea cual del tamaño o el color o del gusto que sean, los círculos a la larga,

 siempre terminan cerrando, para bien.

Por suerte...