8 jul. 2016

Vino chino

"La madurez es un proceso de eliminar lo aprendido para iluminar lo posible. Así mismo, la juventud tiene hambre de vida y acumula. La madurez tiene ganas de paz y simplifica. Todo tiene su ciclo, todo tiene su momento y los tránsitos planetarios pueden enseñarnos algo: todo tiene un punto de cambio y una vez conscientes, no podemos ser indiferentes" 

Te sonreí a través de un vidrio de una ventana, y no lo quisiste ver. Quizás habrás pensado que enloquecí, o que me estaba burlando, tu disparador mental siempre te lleva a los mismos lugares, sitios que he frecuentado más de una vez...

Sí, te sonreí y no estoy ni loca ni me burlo. Pienso mucho y mucho es lo que a veces digo sin palabras.

Te llamó tres veces y no la atendiste, orgulloso e infantil. Sabías que ella te llamaba para hablar lo acontecido en ese bar de Buenos Aires. Hiciste con ella lo mismo que hiciste con tu madre a la cual tampoco le devolviste el llamado, orgulloso y enojado. Hiciste con tu madre lo mismo que hiciste conmigo ese viernes de noviembre que aunque esperabas mi llamada te diste el gusto de mostrarte inexequible. Orgulloso e infantilmente herido. 

Ella (a quien tanto decías querer), tu madre, yo. Ese circuito (yo le llamo "patrón) no deja de ser una redondez luminosa que te dice algo, que yo se, no querés ver. O no podés ver, aunque me inclino más por lo primero.

Te va a doler devolver tanta dureza el mundo porque el Universo te lo va a cobrar. En cien lecciones más, que estoy segura, que te van a costar tu paz.


 Esa misma paz que habíamos encontrado entre risas y brindis en una mesa de restaurante chino, vos, ella y yo. 

 En otra oportunidad, hubiera abrazado al fuego por evitarte el sufrimiento. HOY, te voy a dejar que la vida te de exactamente lo que estás entregando y no voy a hacer nada por impedirlo. Estás devolviendo rencor, estás devolviendo sentimientos teñidos de un haz oscuro, tu mirada me lo dice y aunque me parta el alma, te voy a dejar vivirlos solo. Este es tu momento de aprender. Y vas a aprender, porque se aprende por las buenas o por las malas...

 Es hora que crezcas, es hora que atravieses tus propios muros, es hora que abraces tu inmensidad y te reencuentres con ese costado que más duele para empezar a vivir de verdad, sin pendientes detrás. Sin echar culpas a los demás. Perdonándote por sentir. Ay!, si pudieras ver que detrás de tanto rencor sólo hay una emoción no validada, si pudieras darte cuenta la profundidad del amor de quienes te rodean no te sentirías nunca más dejado de lado, apartarías de tu cabeza ese pensamiento que no vales la pena para nosotros.

 Todos cargamos una cruz, todos venimos a aprender a sanear heridas, todos transitamos un camino lleno de piedras, no sos el único ser humano que sufre.

Esta vez no voy a soportar tus embates, no voy a cargar con la mitad de la culpa como solíamos repartirla. Esta vez te voy a dar lo que sólo quienes aman están en condiciones de dar: LIBERTAD. 

Pura y exclusiva libertad para que puedas encontrar el camino de la paz, tu propio camino, tu propia felicidad.

 Ojalá puedas regresar, ojalá hayas guardado el mapa ilustrado, ojalá puedas sortear las trampas del ego... nosotras ya estamos acá. 


  Viviendo, ya no sobreviviendo.

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Las palabras nunca son inocentes