26 ene. 2015

Lo bueno, lo malo y lo feo

No podré nunca agradecerte suficientemente la cantidad de material que me has dado desde que te conocí hace 4 años. Ni la cantidad de sentimientos y formas que descubrí en mí.

Hoy tengo que escribirte desde la distancia, una distancia que sólo es física, porque te veo todos los días en mi cabeza, en esas fotos mentales que coleccioné desde que nos cruzamos camino al y del baño esa mañana. En esos flashbacks que son tan vívidos y que desde que supe que tenía que soltarte estoy viviendo.

Son cientos, miles, millones, y un sólo corazón para soportarlas. No tienen un horario, no tienen un día, se suceden continuamente, como en un cine de trasnoche interminable.

Quisiera que sepas aunque se que debajo de esa caja de hierro inmensa que guardás en tu interior -lo supiste-  te amé con cada irracional pulso de mi ser. Ni siquiera me quedó el valor de poder sonreír cuando te recuerdo.

Y no me lo impide el arrepentimiento, sino la conciencia y la prudencia del entendimiento.

Se que no podré volver a ser esa chica que fui porque simplemente ya no me queda nada acá de ella.

Todos resurgimos del y por el amor, pero dejamos de ser quienes fuimos siempre un poco cuando nos alejamos de quienes amamos con locura.

No podré nunca agradecerte suficientemente esto que tengo acá clavado tan hondo y me duele tanto, porque es la prueba que estuve viva, un tiempo. Y no lo cambiaría, terca como soy.

Gracias, aunque no pueda agradecerte con palabras sino con mis ojos que aunque aguados, siempre te serán sinceros.


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Las palabras nunca son inocentes