23 jun. 2011

Perder y ganar

Perder a un compañero de trabajo. Nunca había perdido un compañero de trabajo, nunca había sentido la pérdida de un compañero de trabajo.. Esa mañana ella esperaba a ese compañero para trabajar conjuntamente unas entrevistas en persona, ese mismo compañero que no llegaría, porque mientras ella lo esperaba él ya estaba siendo velado en una casa funeraria..
Ya no habría más flashes en su cámara, ya no habría más chismes de aumento de sueldo para compartir. Quedó un e mail sin reenviar en su bandeja de entrada, quedó una fiesta que él quería ir de inauguración para este viernes sin su presencia, quedaron muchas conversaciones sobre vinos y madera añeja pendientes. Quedaron miles de fotos sin editar en su computadora, quedaron macabramente sus últimas palabras en la mente de su compañera.

- "¿Vamos a desayunar?, tengo un hueco en el estómago y en la cabeza".
- "Es por este momento, me di cuenta que no te gustan los funerales, cuando te abrí la puerta para pasar,  te echaste hacia atrás, no querías entrar".
- "Tengo un tema con las enfermedades, la muerte, y el llanto... no voy a hospitales, y si voy lo hago a regañadientes, odio esos lugares, y odio ver a la gente llorando, nunca se qué decir".
- "Nada, no tenés que decir nada, como ahora, los dos sentados en este sillón está bien".
- "Si, creo que tenés razón".

Ya en el bar de la esquina el escenario había cambiado, con dos tazas de café podían recordar a ese compañero en común con risas, se contaron anécdotas, lo recordaron con dulce tristeza, se lamentaron y enaltecieron con orgullo lo poco que ambos sabían del difunto. Suspiraron, cada uno por sus motivos, y la conversación giró de repente. Ya no hablaban del fallecido, hablaban de otra cosa... 

- "Haceme acordar que no te gustan los hospitales, así el día que me operen de nuevo, no te aviso" dijo  él mirándola de frente y dejando entrever en sus palabras un dejo de reproche.
- "Si no te ponen sonda, voy" respondió conciliadora.
- "¿Qué vas a hacer ahora? estamos de duelo, no tenemos que volver a la oficina", dijo ella.
- "Tengo que enviar unos trabajos, ¿vos?"
- "Tengo que trabajar también".

Salieron del bar y empezó a lloviznar. Ambos miraron hacia el cielo, ella no supo lo que a él le parecía la lluvia, pero sonrió con toda su cara cuando lo escuchó decir alegremente: "Llueve, mirá, como te gusta a vos". Él la escucha cuando ella habla, y hasta cuando dice trivialidades como que le gusta mucho la lluvia y que le molesta estar todo el tiempo rodeada de gente, y ella sonríe porque él recuerda sus charlas en esos pequeños momentos que pueden apartarse del tumulto de gente que comparte tareas. 

- "¿A qué se debe esa sonrisita de costado?" dijo él mirándola y volviendo la vista a los autos que transitaban a la par, "esa sonrisita tuya mirando hacia abajo, me hace acordar a la actriz esa que está casada con Tom Cruise".
- "Katie Holmes", sentenció ella, y se quedó callada. -"Te acompaño a buscar tu notebook a tu oficina" dijo de pronto. 

Él no dijo nada, pero entendió que ya no había marcha atrás y condujo directamente al lugar. 

- "No puedo creer que estés leyendo 1984, ayer le decía a mi tío que ese libro quiero leer, y también Rebelión en la Granja que... claro - dijo señalándolo-  ya lo tenés también, por supuesto" 
- "Soy una chica preparada" dijo ella riendo mientras llevaba en un montón, ropa para lavar.
- "Sos una chica a la que le gusta mucho la política"  dijo él.
- "¿A vos también te gusta Sailor Moon?" preguntó sorprendido y cambiando el tono de la conversación.
- " ¿También?" preguntó ella con un dejo de rabia en sus palabras.
- "A mi hermana le gusta Sailor Moon y también a una becaria que me trajo su laptop para que la mire, tenía un fondo de pantallas de SM".
- "A mí no me gusta Sailor Moon -exclamó con bronca hacia la becaria que no conocía pero que le parecía una tonta-  me gusta Sailor Mars, la guerrera de Marte, la que tiene el poder de fuego... " y él lo tomó como una provocación y contestó con media sonrisa: "Claro".

Lo cierto es que estaba nerviosa y no se le ocurrió mejor idea que dejarlo solo en presencia de sus libros (reflejo inequívoco de todo su ser) e ir al baño y ponerse perfume, como si su componente químico fuera el antídoto al miedo. Una decisión incoherente, un sin sentido. Ni siquiera por coquetería, sino por cobardía pura apretó el botoncito sofisticado del envase. Estaba nerviosa de verdad.

- "Cómo hablás..." dijo él riéndose de sus palabras.
- "Estoy nerviosa, y de la forma en que me mirás me pongo peor".
- "Hacía mucho tiempo no se me ponía la piel de gallina" le confesó, y ella se puso inquieta en su silla.
- "Nunca anteriormente... bueno, nunca antes... y menos del trabajo", dijo ella sin mirarlo.
- "Yo tampoco, pasé mi propio cartel de advertencia".
- "¿Lo pasaste?"
- "Si, ya estoy lejos lejos, lo dejé atrás" le dijo con sonrisa traviesa.
- "Era inevitable, inminente, en cualquier momento iba a pasar... desde el primer día",  "me acuerdo cuando nos conocimos, yo salía del baño y vos entrabas y me miraste de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba, ¡qué descarado!"
- "Si", afirmó convencido, "de todas formas el día que recuerdo haberte mirado con otros ojos fue cuando me explicabas en la puerta de tu oficina que el Seminario que estaban dictando en el salón contiguo no era interesante pero que fuera si quería comer algo rico".
- "No se que entendiste, pero yo estaba hablando seriamente"
- "Y yo te estaba mirando y pensaba: "qué interesante esta chica"
- "Y yo pensaba en las masitas secas que podías traerme, jajaja"
- "Yo le aconsejé a uno de los chicos que no se metiera con nadie del laburo, y bueno.."
- "Sos un pésimo consejero" respondió ella... mordiéndole los labios.

Afuera tronaba como nunca, lo que empezó siendo llovizna, era ya una tormenta.


(Y el fallecido al que no le gustaba perderse de nada, se enteró antes que nadie. Y fue el mejor homenaje que pudieron hacerle)