4 feb. 2011

El baile de las máscaras

Él de elegante traje negro, chaleco y sobretodo, zapatos relucientes, y camisa a tono con la corbata gris perla. Luce un antifaz blanco con bordes apenas oscuros, sencillo, distinguido. Lo medita y sin apuro camina hacia la multitud, divisando por entre las cabezas y las plumas, a la única invitada que no ríe a carcajadas.

Ella no se inmuta, lo ve acercarse entre la gente y practica su mejor postura. Sabe que viene, pero no lo mira, lo percibe desde lejos, ve en su mente el trazo que marcan sus pies aunque esté mirando en dirección contraria. No sabe si alegrarse con el retumbe de los pasos que se le aproximan o salir corriendo, pronto, lo más lejos posible.
Calcula la distancia y el tiempo que le llevará ganar la doble puerta de vidrio. ¿La duda o la certeza? ¿una puerta o el mármol bajo sus pies aunque sepa que tal vez no es tan sencillo lo que se avecina?.
Se queda, soporta el nudo en el estómago con hidalguía..

Espera agazapada hasta escuchar la voz del invitado, duda, sospecha, analiza, sopesa cada palabra y tardíamente responde al estímulo. Se confunde entre tantas respuestas, se siente mareada. Se habla silenciosamente a sí misma y se ordena salir inmediatamente pero sus impecables tacos blancos echan raíces, no se puede mover, sus piernas desobedecen la orden. Torpemente sonríe, y sus mejillas reflejan lo que su mente bloquea.
Se da cuenta que es un momento clave y que tiene que decidir  rápido - pero es tarde-  intuitivo (o adiestrado) y con una sonrisa pintada en los labios el caballero la toma delicadamente por la cintura y comienzan a bailar.
Trompos y más trompos en una danza perfecta a merced de los ojos de quienes aplauden rabiosos a la pareja que atraviesa una sala atestada de máscaras multiforme.
Se pregunta ingenuamente si estará bailando bien, cuando sabe que es una pregunta esencialmente estúpida. No le interesa bailar bien ni ahí ni luego, le interesa saber urgente qué viene después de la primera pieza.
No lo puede descifrar.

Su antifaz dorado es de cristal, ligero, liviano, pero de repente le comienza a fastidiar. Le pesa en el rostro monstruosamente y le empieza a lastimar.
Vueltas y más vueltas, mareo, y más vueltas, una, dos, tres, perdió la cuenta... giros, giros, giros y sonrisas y más vueltas....

No lo soporta más...


- "Quitáte el antifaz, por favor"
- "¿Qué antifaz?"
- "¿Cómo que...? el antifaz que llevás puesto exactamente sobre el puente de tu nariz"
- "No tengo ningún antifaz"
- "Tenés puesto un antifaz blanco, claro que sí, no estoy loca, tiene ribetes... ¿grisáceos?, no importa eso  ahora, por favor sacátelo"
- "Residuo, es el número final del proceso para resolver la raíz cuadrada..."
- "¿De qué me estás hablando? el antifaz, ¡yo hablo de tu antifaz!, no... ¿no me escuchas?"
- "Si", ¿viste ese pájaro que se posó sobre la bandeja no?, ¿no es hermoso? debe ser un ave que..."
- "No, no es hermoso, no hay pájaro, no me gusta esta fiesta, no entiendo el objetivo de tener todos los rostros cubiertos cuando..."
- "Shhh te pueden escuchar.."
- "No importa eso, ¡lo importante no es eso!, ¿no te das cuenta?, ¿de verdad no te das cuenta?" nadie lleva puesto ninguna máscara, estamos solos... sólo vos  y  yo", y su antifaz dorado junto con su secreta esperanza ruedan por el piso.
- "Qué linda es tu nariz, es perfecta"
- "¿Te vas a sacar el antifaz?"
- "No lo se"


Y de repente recuerda que esa pregunta ya la había hecho 
y la segunda pieza que comienza a escucharse de fondo, le resulta familiar....